miércoles, 9 de marzo de 2016

Monumento a Campoamor

Ramón de Campoamor y Campoosorio nació en Navia, 
pequeño municipio del Principado de Asturias, (España), 
un miércoles 24 septiembre de 1817. 

Comenzó estudiando medicina, pero se dio cuenta que no era lo suyo y se inició en la escritura. Espronceda fue su principal apoyo. 
Primero, empezó como redactor en un periódico, más tarde realizó obras de teatro y también poesía. 

Pero luego se decantó por su estilo: las doloras. Estas son un conjunto de poemas con una composición breve, de carácter dramático y carga filosófica que comenzó a publicar Ramón de Campoamor en 1846.

El monumento dedicado a Campoamor, situado en El Retiro, fue creado por Lorenzo Coullaut-Valera en 1914, 13 años después de la muerte del poeta. 
Esta escultura esta hecha de mármol y bronce y mide 4 metros de altura por 2.36 de ancho. En ella aparece Campoamor sentado en su ultima etapa de la vida, junto a tres figuras femeninas que representan cada etapa de la vida: la juventud, la madurez y la vejez. 

Al cada lado de la estatua principal, hay dos pequeñas figuras de bronce que complementan el monumento, de unos 25 centímetros de altura.
Ambas hacen referencia a dos doloras escritas por el autor: "El gaitero de Gijon" y "Quien supiera escribir".  En la primera de ellas se narra el dolor de un gaitero, cuando por obligación de su trabajo, ha de asistir a una romería mientras su madre esta recibiendo sepultura. En la segunda, se narra el sentimiento de una campesina que ha de recurrir al cura de su pueblo para que lea o escriba las cartas que necesita enviar a su novio.

Esta última es su dolora más conocida.

Escribidme una carta, señor cura.
-Ya sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.

-Perdonad; mas... -No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
Mi querido Ramón:

-Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis... -¡Sí, sí!
-Qué triste estoy! ¿No es eso? - Por supuesto
-¡Qué triste estoy sin tí!

Una congoja, al empezar, me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? - Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

-El beso aquel que de marchar a punto
te dí...
 -¿Cómo sabéis?...
-Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
-Pues, sí señor ¡morir!
-Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!


 

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